¿Qué son los implantes dentales?
Los implantes dentales son dispositivos de titanio biocompatible que se colocan en la mandíbula o en el maxilar superior para sustituir la raíz de los dientes y poder reponer piezas dentales ausentes.

La necesidad de reponer las piezas dentarias ausentes en la cavidad oral ha estimulado en las últimas décadas la necesidad de contar con materiales fiables que se pudieran insertar en los maxilares. Las premisas fundamentales se basan en, por un lado, soportar las importantes fuerzas que se producen en el acto de la masticación y, por otro, presentar una apariencia estética lo más similar posible a los dientes naturales

Los implantes dentales son pequeños tornillos de titanio tratados para que una vez colocados en el hueso, y tras un tiempo previsto, realicen la labor de una raíz artificial sobre la que se fijarán las prótesis o coronas. Por tanto, las rehabilitaciones dentarias sobre implantes se componen de dos elementos: por un lado el implante dentario propiamente dicho, parte que no se ve por estar fijada al hueso, y por otro lado la corona o prótesis que se correspondería con la parte visible que es la que ejerce la función masticatoria.

Los implantes se colocan casi siempre bajo anestesia local en el sillón de la consulta, al igual que cualquier pequeña intervención, y en menos tiempo que el que se precisa para realizar un empaste o una endodoncia. En casos muy específicos y dependiendo también de las preferencias del paciente se pueden llevar a cabo con sedación o incluso con anestesia general. En todos los casos, habitualmente el procedimiento se realiza de forma ambulatoria.

El sentido común y la experiencia nos hacen abogar por la técnica clásica de colocación de implantes osteointegrados y de manera diferida (alrededor de dos o tres meses después) realizar las prótesis definitivas. Mientras tanto, el paciente no tiene por qué ir sin dientes, ya que puede portar algún tipo de prótesis provisional, fija o removible. Permitimos así que el hueso y los tejidos blandos (encía) se adapten a una nueva situación y su respuesta vaya siendo establecida paulatinamente.

Esto no quiere decir que en determinadas circunstancias favorables como que la cantidad y calidad del hueso sean suficientes y que exista una buena estabilidad primaria de los implantes, no puedan colocarse las prótesis con carga inmediata. Habitualmente utilizamos esta técnica en casos de reposiciones completas en arcada superior y/o inferior. Pero debemos ser conscientes que tanto el coste como las posibles complicaciones se pueden incrementar si utilizamos este procedimiento y no debemos dejarnos llevar por el exceso de información publicitaria, no siempre fiable.

La tasa de éxito global en cuanto a la colocación de implantes osteointegrados es superior al 96%. En algunas series incluso se habla del 100%, pero siempre hay que pensar en circunstancias no siempre controlables (enfermedades que han pasado desapercibidas, algunos hábitos no saludables, etc…). En el caso de la colocación de implantes dentarios, siempre pensamos que la mejor opción para el paciente pasa por una tener una pequeña dosis de paciencia y esa pequeña espera se verá recompensada por un importante cambio en su calidad de vida.

All on 4

Es la técnica implantológica que consiste en reponer toda una arcada dental, ya sea superior o inferior, mediante cuatro implantes dentales.

Este término inglés significa que el paciente dispondrá de una dentadura fija apoyada sobre 4 implantes desde el día siguiente de la colocación de los mismos. Habitualmente se utilizan dos implantes centrales paralelos en disposición habitual y dos implantes inclinados en los extremos, que permiten ampliar el número de piezas dentarias a reponer.

Se usa en casos de ausencia de hueso y también para disminuir el coste de una dentadura fija sobre un mayor número de implantes. Se puede realizar bajo anestesia local, pero por el mayor confort del paciente y la mejor disposición de los implantes habitualmente la realizamos bajo sedación consciente. Es una intervención muy corta y permite reincorporarse a sus actividades habituales rápidamente con plenas garantías de una rehabilitación estética y funcional satisfactoria.

Distracción ósea

La distracción ósea es una técnica quirúrgica que se utiliza para inducir la formación de nuevo hueso tras realizar una osteotomía e ir desplazando los fragmentos óseos resultantes de manera controlada. Así se deja un espacio que se va rellenando progresivamente hasta la consolidación ósea definitiva.

Con los dispositivos de distracción ósea o distracción osteogénica podemos hacer «crecer» el hueso hasta el lugar que hayamos planificado previamente. Consisten en una especie de fijadores externos a modo de las técnicas que se realizaban hace más de cuatro décadas en los huesos largos de las piernas.

Se lleva a cabo una osteotomía (corte) en el hueso que queramos avanzar y cada uno de los fragmentos se sujeta con unas miniplacas de titanio, avanzando lentamente el segmento móvil por medio de un tornillo que moviliza el propio paciente a un ritmo de 1mm. diario aproximadamente, hasta el punto deseado. Se mantiene la estabilización durante 7-10 semanas para permitir la consolidación del hueso neoformado entre los dos fragmentos separados.

La ventaja fundamental de este procedimiento es que al mismo tiempo que hacemos crecer el hueso en una dirección prefijada, los tejidos blandos (encía) lo acompañan en su crecimiento, consiguiendo un resultado global muy satisfactorio.

De todas formas, lo engorroso de la técnica quirúrgica y la necesidad de una colaboración muy exquisita por parte del paciente, hacen que reservemos la distracción para casos muy específicos y no sea la primera opción que tenemos en cuenta a la hora de planificar un tratamiento de reposición dentaria.

Elevación de seno

La elevación de seno es una técnica quirúrgica que se utiliza en ocasiones, cuando el paciente presenta poca altura ósea a nivel de molares y/o premolares superiores. De esta manera se consigue reponer piezas mediante implantes dentales en zonas posteriores donde no se podrían colocar mediante técnicas convencionales

El seno maxilar es una cavidad que se encuentra dentro del maxilar superior que entre otras, tiene la función de humidificar y calentar el aire que respiramos. Está tapizada por una membrana mucosa secretora de moco. En muchas ocasiones, la parte posterior del maxilar superior presenta una falta de altura ósea suficiente para permitir la inserción de implantes osteointegrados que faculten la rehabilitación con prótesis fija en pacientes que han perdido sus piezas dentarias. Esta falta hueso necesaria se puede deber a la pérdida del mismo asociada a la falta de dientes, a la excesiva neumatización del seno maxilar (cavidades sinusales muy amplias) o a ambas causas.

La técnica de la elevación de seno, realmente consiste en el levantamiento de la membrana que lo tapiza, rellenándolo la mayoría de las veces con injertos de hueso sintético o «artificial». Si se cumplen los criterios convencionalmente aceptados para ejecutar este procedimiento, es predecible y segura, permitiendo que se forme hueso «natural» nuevo que posibilite la inserción de implantes osteointegrados. Si la situación es favorable la colocación de implantes se lleva a cabo el el mismo momento de la elevación del seno y en otras ocasiones, se debe realizar a posteriori por la imposibilidad de retención de los mismos en el hueso remanente.

Injertos óseos

Cuando el paciente presenta determinadas zonas desdentadas sin suficiente hueso para la reposición de implantes dentales, se recurre a los injertos óseos. Son unas técnicas de mayor complejidad quirúrgica, cuyo mayor inconveniente si hay que obtenerlos del propio paciente, es que precisamente al hacerlo, estamos provocando ciertas lesiones en zonas anatómicas adyacentes o alejadas del lugar que pretendemos rehabilitar.

Por suerte, las nuevas técnicas de regeneración ósea y la obtención de injertos del propio paciente, permiten hoy en día colocar implantes en zonas en las que no hace mucho tiempo este hecho sería impensable.

La diferentes técnicas quirúrgicas incluyen: el relleno óseo como por ejemplo en los casos de elevación del seno maxilar; los injertos de interposición (inlay) insertando material en el hueso alveolar para retomar los límites previos a la afectación ósea y; los de aposición (onlay) en los que colocamos directamente el hueso, habitualmente en bloques, sobre la zona a regenerar.

Los injertos más ampliamente utilizados hasta la actualidad y de manera prácticamente rutinaria, engloban: los obtenidos de la calota (parte externa del cráneo), cresta iliaca o cadera, mentón mandibular y diversas áreas de ambos huesos maxilares (rama ascendente de la mandíbula, tuberosidad maxilar… etc.). El mayor inconveniente radica en que tenemos que abordar una zona donante y ello provocará un cierto disconfort aunque éste, la mayoría de las veces será muy poco relevante, sobre todo si la comparamos con los beneficios obtenidos.

Con el advenimiento de nuevas técnicas, (implantes cigomáticos, pterigoideos, all on 4, implantes personalizados, implantes inclinados…etc.), cada vez nos decantamos más por evitar la utilización de injertos del propio paciente con el fin de evitar lesiones en la zona donante, reducir el número de intervenciones y el tiempo necesario para que el paciente lleve su dentadura fija de una forma satisfactoria.

Por otro lado, existe en el mercado una amplia cantidad de injertos denominados «artificiales», fundamentalmente de origen animal y sintético que se utilizan, en casos específicos, solos o combinados con otros métodos para la regeneración tisular guiada como las membranas o el plasma sanguíneo rico en plaquetas. Estos últimos no presentan la predictibilidad de los anteriores y su ventaja radica fundamentalmente en que no necesitamos obtenerlos del mismo paciente, recortando tiempos quirúrgicos y provocando una menor morbilidad, con menor tasa de complicaciones.

Cada tipo de injerto tiene su indicación, pero si nos tenemos que decantar por un tipo de ellos, las mayores tasas de éxito se consiguen con los obtenidos del propio paciente.

Implantes cigomáticos y pterigoideos

Se denominan así a los implantes dentales que se colocan en esas áreas anatómicas (hueso cigomático y apófisis pterigoides).

Se realizan en pacientes que no tienen suficiente disponibilidad ósea para poner implantes en los lugares donde se insertan habitualmente. Necesitan un estudio radiológico exhaustivo previo y gran experiencia quirúrgica para su colocación.

Existen muchos casos en los que la rehabilitación con implantes convencionales para reponer piezas dentarias no se puede llevar a cabo debido a la ausencia del hueso necesario para el alojamiento de los mismos. Hasta ahora, la opción más habitual para solventar estas situaciones había sido la utilización de injertos óseos en sus múltiples variantes. Se trataba de obtener una cantidad de hueso suficiente que soportara las cargas de la masticación sobre esos implantes convencionales. En casos más dramáticos la única alternativa pasaba por la colocación de puentes fijos dentosoportados o, incluso, prótesis removibles (de “quita y pon”).

La colocación de implantes anclados en hueso cigomático (hueso malar o pómulo) o en la zona retrotuberositaria (por detrás de los último molares superiores) en las apófisis pterigoides, ha venido a solventar gran parte de los inconvenientes derivados de la toma de injertos óseos. Es un procedimiento que permite poner una prótesis fija de una sola vez. Es decir, reduce el número de intervenciones a una sola, mientras que el método de utilización de injertos precisa, si todo va bien, al menos dos. Otra ventaja destacable es evitar la morbilidad de la zona donante (lesiones en el lugar del organismo de donde se toma el injerto). Además acorta la duración del tratamiento en al menos seis meses, que es el tiempo que necesitan los injertos óseos para “prender” en el lecho receptor. Todo ello, suponiendo que no exista ninguna pérdida del injerto, lo que obligaría a una nueva intervención, con resultados inciertos en todo caso.

Este tipo de implantes, también están indicados en pacientes que han sufrido la pérdida de hueso por otras causas diferentes a las de la ausencia de dientes como puede ocurrir en secuelas postraumáticas o tras resecciones tumorales; también en déficits congénitos como el paladar hendido con o sin labio leporino.

Es un método bastante reciente desde el punto de vista clínico aunque suficientemente contrastado que poco a poco se va imponiendo como el tratamiento de elección para reponer las piezas dentarias de una manera rápida y efectiva en pacientes con déficit óseo, obviando tanto las consecuencias de la toma de injertos como la espera del tiempo necesario para que estos se integren.

Hemos de enfatizar en que la utilización de injertos continúa teniendo sus indicaciones y que la colocación de implantes cigomáticos y/o pterigoideos es únicamente otra de las diversas alternativas de que disponemos para mejorar la calidad de vida de nuestros pacientes.